Viajes

Tras el Irán de los velos negros

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"¿Sobre qué vamos a negociar? Yo diría, 'escucha, ¿ves ese desierto de ahí?, te voy a enseñar algo'. Luego coges el teléfono, llamas a cualquier sitio de Nebraska y dices, 'OK, adelante'. Y lanzas una bomba atómica en medio del desierto, donde no se hace daño a nadie, quizás a un par de serpientes, escorpiones o lo que haya. Luego dices, '¿ves? La próxima en el centro de Teherán. Hablamos de negocios. ¿Quieres ser borrado del mapa?" - Sheldon Adelson


Sheldon Adelson es el líder del proyecto de Eurovegas, ese por el que lamemos culos y abrimos "ojetes" mientras observamos impasibles la evasión de grandes mentes o nos resignamos ante los indignantes recortes en I+D+i, y con ambos preceptos dejamos escapar cualquier futuro prospero del país que nos cobija. Es ese ejemplo de magnate cuya estupidez e ignorancia llega a limites insospechados inversamente proporcionales a su sensibilidad más social. Ese ejemplo del capitalismo más absurdo, acusado de realizar pagos a funcionarios locales a cabo de implantarse en Macao (¿y en Madrid?) o denunciado por obviar las horas extras de sus trabajadores. Pero Sheldon Adelson hay muchos. Demasiados analfabetos desinformados, cuya nula inquietud por viajar y conocer la realidades de la historia y de los pueblos deja en evidencia con sólo abrir la boca, aunque a veces haya que traspasar una simple tela de color negro para conocerlos…

Treinta años de velos negros

Jamás negaré el cúmulo de prejuicios que me acompañaban cuando partía rumbo a Teherán, e incluso quizás algunos temores. La realidad, una vez más, iba a mostrarnos el nivel de contaminación al que estamos sometidos y que afectan directamente sobre nuestra manera de pensar, y durante los 21 siguientes días nos encaminaba a descubrir el verdadero Irán, ese que nuestro corazón se ha traído para siempre y que los objetivos de nuestras cámaras han sido capaces de inmortalizar en una de las experiencias más intensas que hemos tenido jamás. Quizás es por ello que creo que tengo una historia interesante que contar


 

Nunca previamente imaginé la disposición de rechazo que pueden provocar los árabes para los persas, y es que aunque la cuestión del Islam resulta algo contradictoria, no podemos olvidar que el gran Imperio Persa ya existía muchos siglos antes de la invasión, con su religión zoroastriana, su lengua pahlavi (el farsi actual es una derivación) y su escritura cuneiforme.

Sin embargo, probablemente fue esa identidad la que llevó al último Shah a precipitarse, a intentar imponer una serie de bruscos cambios que incluían celebraciones del nacimiento del Imperio, nuevas fechas y calendarios y quitar poder a los mullahs, alejándose de todo lo "árabe" y acercándose a lo occidental con el apoyo estadounidense y británico. Y también que de Qom surgiera la figura de Khomeini, y con él y la Revolución Islámica de 1979. Los colores dejaban paso a los velos negros… y a más de 30 años del islamismo más conservador


Para Ayesha, aquel proceso acontecido entre 1978 y 1979, supuso el que los chadores negros pasaran a ser el conjunto más repetido de su fondo de armario y la obligación de cubrirse de cabeza a los pies ocultando las formas de su cuerpo y evitando así la sucia mirada de algún hombre ajeno, la rutina de cada día.

Pero dentro de si no ha cambiado nada. Ayesha sigue amando los colores y aunque camina disimuladamente, sus paradas en el bazar y lo que deja entrever debajo de sus vestiduras, la delatan.


 

En las ciudades más importantes caminan solas o en grupos de mujeres, jamás acompañadas por un hombre de no ser su marido. A veces parecen verdaderos fantasmas que se te aparecen en las calles más solitarias de Yazd, o en las laberínticas travesías que llevan a las mezquitas menos conocidas de Kashan, Natanz o Kerman.


 

Los estrictos códigos religiosos no eximen a extranjeras, que deben tapar su pelo y sus carnes a la entrada en el país, y al igual que las persas, sólo descubrirse en sus domicilios o alojamientos y ya en la intimidad.

También sorprende conocer que la separación de sexo a partir de los 7 años resulta total, en las escuelas o en los medios de transporte, como nos encontramos en nuestros trayecto a Mashhad, donde lo que parecía ser una pareja de jóvenes son separados en cumplimento de la "moral". Así lo establece el Corán.


 

Las mujeres también se ocupan de los menores. Niño o niña todavía pueden lucir sus colores, y es posible que si ya un hijo sea la alegría de una madre, en Irán represente todavía algo más, la ilusión de una madre salir de las normas islámicas aunque sea simbólicamente.


Es duro vivir en un país musulmán para una mujer, y en el actual Irán no lo es menos. Son conscientes de su posición, y seguro que ante la pregunta "¿Que prefieres, niño o niña? Ellas tienen una sabia repuesta…


 

Algo ha cambiado… ligeramente

Pero 30 años son suficientes años, y algo ha cambiado. Es posible que no puedan despojarse de sus vestiduras en una playa o una piscina, y soporten malamente las altas temperaturas que el verano depara, pero nos sorprende atisbar la presencia social de la mujer iraní. Ellas atienden negocios de cara al público, conducen coches (tuvimos más de una conductora en nuestras andaduras), cenan en familia y van en masa a los santuarios.

En las grandes ciudades, las nuevas generaciones sustituyen los oscuros colores de la prendas más conservadoras por pañuelos de ciertos colores, vaqueros o incluso, las más atrevidas, faldas que llaman en exceso la atención.


Las juventudes se revelan. Los grandes parques de Teherán, Isfahan o Kerman, congregan decenas de parejas que no ocultan su pasión ante la mirada de algún contrariado. Incluso nos mostramos atónitos ante las explicaciones del sexo consentido y con permiso antes del matrimonio, imposible en otros tiempos.


 

A unos cientos de kilómetros, un pequeño pueblo no han alterado su forma de vivir pese a la presión de los más conservadores. Abyaneh, una villa anclada en el pasado entre Qom y Natanz, mantiene los rasgos que siempre le han distinguido de todo lo que les rodea.


 

Su población, fundamentalmente anciana, se enfrentan a los roles que establece la Constitución de la República Islámica y que rige la vida de más de 60 millones de iraníes cuyos principios se basan en la interpretación de su libro más sagrado.


Rosa, amarillo y azules chillones se entremezclan con el acre de las casas del pueblo y el azul intenso del cielo, dotando las instantáneas que salen del objetivo de nuestra cámara de un espectáculo visual digno de enmarcar por si solo, pero más lo es el cariño y calor que sentimos al contacto con su gente.


 

Un pueblo amable, cariñoso y hospitalario con el viajero

Muy lejos de allí, a unas horas de Kerman, Meymand nos recibe y nos adentra en la edad de los trogdolitas, de personas viviendo en cuevas excavadas en la roca y con el concepto de juventud también olvidado… perdido.


 

Ajenos a la Irán tras los velos negros, Aridai nos hace una seña de entrar en su casa. Es una mujer mayor, de unos 70 o 80 años, cuyo mayor valor no es material. Su vida gira en torno a una anticuada tejedora, cuatro esqueléticas gallinas y una casa con apenas un fogón y unas viejas alfombras.


 

No obstante, en un idioma ininteligible nos invita a un té y nos enseña lo poco que tiene y la foto de su difunto marido.

La amabilidad y hospitalidad de Aridai no es diferente a la encontrada desde el primer día en Teherán para poder salir de la ciudad, en el Santuario de Qom por un anciano interesado en conocer que hay más allá de sus fronteras, en el Caravanserai de Kashan por un joven estudiante agradecido de mantener una conversación extranjera, en Shiraz con el guiño de unas chicas jóvenes o en Kerman con la población baluchi.


Ante la pregunta "¿que nos traemos de Irán?" no tendríamos nunca la más mínima duda… el cariño, la amabilidad y la hospitalidad de su gente, la que más nos ha impactado de una vida viajera, gente oprimida, pobre por lo general, y controlada por un 10-15% de clérigos, que no escatima en una ayuda, una sonrisa o una mirada cómplice al visitantes lejos de querer nada a cambio.


 

Gente para la que mantener una conversación contigo, a veces imposible por el problema del idioma, saber de tu país, poder imaginarse por unos instantes lejos de allí, es un tesoro que muchos hemos perdido dentro de nuestros valores. Una misma sensación como antes vivida en Siria o aquella conversación con la anciana Pa-O en Birmania, que en las más dura y extrema condición de vida deseaba poder viajar como lo hacíamos nosotros.


 

La Revolución impactó en la vida de todos. Los muy ricos se volvieron más ricos, y los pobres en más pobres que nunca y venerando mártires del Islam o de la Guerra Irak-Irán que un oportunista Sadam Hussein trató de aprovechar por ese cáncer del petróleo, y que no sólo no minó los inicios de la revuelta, sino que la afirmó a costa del pueblo.


 

Los comerciantes de los bazares, sin embargo, son los grandes afortunados de la desaparición de inversión multinacional, y aunque son "obligados" a financiar al clero, escuelas y hospitales a través de las mezquitas, se han enriquecido de manera importante.


El pueblo llano se siente en parte abandonado, especialmente con el mandato de Ahmadineyad, que dedicó su tiempo a amenazar a Israel, a negar el Holocausto y al programa nuclear, mientras subidas inasumibles de luz, agua y gas, inseguridad, corrupción y una bofetada de soledad llegaba a los que realmente forman el 80% del país.


 

Los más de 900.000 refugiados afganos y 1,5 millones en situación irregular, llevan años incluso décadas buscando su lugar en Irán, especialmente en la zona de Baluchistán. No es fácil, ya que este país se ocupa casi absolutamente solo de su integración. Dentro de los pobres, son los más miseros, afincados en barrios arrabales o verdaderos campos de refugiados.


 

Mientras los más humildes conviven, ese 10-15% de locos clérigos se dedican a pagar enormes sumas de dinero a yijadistas para extender su influencia a nivel mundial, a invertir en armas atómicas que intuimos en nuestro trayecto entre Kashan y Natanz y a "forrar" a Ayatolah cada vez más lejos de la realidad.


 

Bajo la mirada de los Ayatollah

Es una mirada que no nos abandona. A veces amenazante, otras provocadora. Los Ayatollah son los considerados expertos en las ciencias islámicas, la moral, la filosofía, y segundo cargo más alto dentro del clero chií duodecimano.


Da igual sea en una mezquita, en unas obras en construcción, en un cartel perdido en el barrio más suburbial o en un cementerio conmemorativo, allí están siempre los rostros de Khomeini y Khamenei.

Aunque exista un Presidente de gobierno, todo el sistema político está controlado por el clero islámico en Irán. La Asamblea de Expertos está formada exclusivamente por teólogos y tienen poder incluso para hacer dimitir a cargos políticos, incluido el Presidente.


 

Pero el clero llega más allá. Medios de comunicación incluida televisión, servicios de seguridad e internet también es gestionado por el poder religioso. Así no es de extrañar que el mundo es como si no existiera, y aunque existe formas de saltárselo, noticias del exterior o cultura y conocimiento está prohibido para sus habitantes.

Con este panorama no es raro que gran parte de la historia de un persa se desarrolle en las mezquitas y santuarios.


 

Miles de mullah, ya sean jerife (descendientes de Mahoma con su turbante negro) como si no (los de turbante blanco), dedican sus horas a la interpretación del Corán buscando sus secretos, y tienen especial importancia en este territorio.

 
 

Santuarios sagrados como el de Qom o Shiraz, o el impresionante templo de Mashhad en honor al octavo imán cuya tumba pervive aquí, Imán Reza, son un privilegio para el visitante que discretamente logra entrar pero con el que, lejos de hostilidades, todos son respetuosos y tolerantes.


"Fundamentalistas" dicen los que imaginan una panda de "chiflados" quemando banderas occidentales en los santuarios más sagrados, armados hasta los dientes en cada puerta del mismo, cuando la realidad es que mientras en cualquier lugar occidental la seguridad con pistolas, porras y otras armas, o incluso el permiso de las mismas en la propia casa, están a la orden del día, aquí nos muestra a personajes "empuñados con plumeros" (!!si, plumeros de limpiar los muebles!!) rozando al que no cumple unos mínimos de tolerancia (sacar una foto a la tumba o entorpecer en los corredores de paso). !!Plumeros!! Plumeros de colores. Singular metáfora.


 

Qom, Shiraz o Mashhad son verdadera historia en vivo. El día a día de familias haciendo vida en las alfombras, con su linaje, sus hijos, con su propia fe. Esa misma que cree en los doce imanes como descendiente del profeta Mahoma por encima de la linea sucesoria califal de los sunníes y que el suceso de Kerbala donde los Omeyas matan a Husein, desemboca en el actual Ashura con miles de penitentes flagelándose y golpeándose para rememorar el sufrimiento. Aunque… ¿acaso no lo hacen los más devotos Cristianos en su fecha más señalada?

En Irán, las mujeres extranjeras viajan solas y en paz, nadie les molesta ni se sienten observadas. Las calles están limpias y el persa se preocupa por su imagen. Las infraestructuras son realmente impactantes, como ya lo eran hace 30 años, con buenos medios de transporte, mejores autopistas y edificaciones. ¿Como sería Irán sin 30 años perdidos? Aunque quizás otros no se hubieran enriquecido tanto, ¿Turquía? ¿China? Los grandes beneficiados de un bloqueo que les está ahogando…


 

Comunicarse con la gente de Irán no ha resultado fácil. No hablo de idioma, ni de conceptos, sino de pensamientos. Ese taxista con ganas de conocer, la anciana que quiere compartir su té o el dueño de un hammah perdido en las calles de Qazvin. Todos viven temerosos de manifestarse ante el extranjero, pero que concluyen diciendo que más del 60-70% de la población está en contra del actual régimen aunque albergan ciertas esperanzas en el nuevo Presidente Hasán Rouhaní.

Es posible que tras 21 días no hayamos percibido más que una visión muy parcial lo que allí acontece. Pero si intuimos que pasarán muchos años para que la mujer recupere sus derechos, y la sociedad abra su mentalidad a un camino que no tiene porque ser el Occidental, pero si lejos de la opresión religiosa… y haga falta posiblemente sangre para ello.


 

Atrás dejamos a Ayesha, Aridai, Mahmud, Anahi, Mohamed o Ali. Rotos los prejuicios que me impedían ver la realidad, me gustaría saber si "todos los Adelson", que confunden a los iraníes con árabes locos tercermundistas, serán alguna vez capaces de poder vislumbrar realmente que tras ese velo negro hay un pueblo maravilloso, una gente hospitalaria y amable con el viajero y una vida llena de colores…


y que lo realmente oscuro es la vestimenta de sus mujeres, los clérigos locos que les gobiernan y el futuro que les espera como, que nadie se confunda, también lo es el nuestro y no queremos verlo. Esta es mi historia y aquí quería contarla.

¿QUIERES MÁS?: No te pierdas los mejores escenarios del viaje en "12 instantáneas imprescindibles", el diario in situ en "los relatos en ruta" o la imprescindible guía que está preparando mi compañero de viaje y buen amigo Sele en "Guía práctica del viaje a Irán I"

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