Viajes

Viajar en tiempos de cólera: Irán

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Han pasado ya varios días desde que regresamos de Gijón. Decenas de artículos de más de 165 blogger inundan ya las redes (el poder de la blogosfera) sobre la bella ciudad costera, sus actividades, su gastronomía, su vida, sus pueblos aledaños (el lunes os hablamos nosotros de qué ver en Cudillero, un pueblo de Asturias precioso). También sobre el gran evento #TBMGijón de Travel Bloggers Meeting de este año.

Quizás en ese sentido, y siendo afortunados ganadores de un fin de semana en Gijón con una Ruta de Sidra (que disfrutaremos pronto), no tenemos mucho más que aportar ahora, pero sí vamos a aprovechar para dar respuesta a aquellos que nos habéis pedido parte de nuestra participación en el congreso charlando sobre Irán.

Viajar e tiempos de cólera: Irán

Aún pendiente del diario de viaje, no han sido pocas las pinceladas que hemos dado ya en el blog sobre Irán. Especialmente esa aventura en ruta, esas 12 instantáneas imprescindibles, o uno de los artículos que más sentido da a mi vida blogera en y ese otro monográfico de .

Quizá es por todo ello, y porque un foro como éste (donde algunos de los presentes ya había estado en Irán) lo permitía, por lo que me tomé la licencia de darle un enfoque diferente a mi ponencia…


Los que me conocéis sabéis que mi experiencia en este país fue tan auténtica e intensa que podría hablar horas de su cara más amable, que seguro que compartís conmigo. Sin embargo el intento de ser más estricto me da una visión más amarga… y eso me lleva a contaros mi historia

Partí a Irán como hace tiempo que no hacía, como parte de una recuperación de esa esencia de mis primeros viajes, que inicio mi mundo viajero (ahora con Paula), pero no engaño a nadie si digo que llevaba mis prejuicios. Soy el primero que aconseja empezar la maleta con un “alto porcentaje de mente abierta” para cualquier destino pero aterrizaba en Teherán con esas preguntas de familiares y amigos. El eje del mal, el peligrosisimo Irán… ¿Qué vas a hacer allí?


Consideraciones que debe tener un viajero en Irán

Entrar en Irán no resulta fácil. Los tramites burocráticos para el visado en España son eternos, cuando no insufribles y tras mucho pelear para conseguir más de 15 días, logré el mío 7 días antes de partir.

Las noticias que nos llegan son sesgadas, incompletas, apenas reducidas al programa nuclear, al apoyo Sirio o al desafío a Occidente más propio del antiguo presidente.

La realidad que me encontré es la de un país que, desgraciadamente como muchos, controla una minoría, el clero, los Ayatolah que en 1979 destronaron el capitalismo del Sha y devolvió uno de los países más evolucionados, con mejores infraestructuras del momento, a una revolución islámica.


Y es que, que nadie se equivoque. Irán no es un inmenso desierto. Irán es un territorio muy evolucionado, de grandes autopistas, grandes recursos y un impresionante Patrimonio Cultural e Histórico. Pero también es un país estancado desde hace más de 30 años.


Viajar a Irán en estos tiempos, es dejar atrás el Irán de los colores de mediados de S.XX y regresar al islam más consevador, al de la opresión de la mujer, al de las prohibiciones, al de los velos negros y al que olvida su identidad persa que el mundo musulmán conquistó

También es el de la pobreza, un lugar donde el pueblo y el clero están tan alejados como uno puede imaginar e incluso miseria en determinados barrios marginales de refugiados afganos proscritos.


Aquel viajero que desee visitar Irán debe tener tomar sus precauciones en el área de Baluchistan que hace frontera con Pakistan, donde el persa torna su color de piel a una tez más oscura e incluso el idioma se hace ilegible. Aquí en el pasado se han reportado secuestros a extranjeros.

El acceso a la información es complicado y el control es total (ni redes sociales, ni whatsapp desde hace un par de semanas, funcionan)

Conducir resulta imposible, y no sólo por el idioma, sino porque los persas han cogido de sus vecinos árabes su conducción temeraria


¿Un pequeño cambio? El vídeo

Si bien la historia de Irán que he "dibujado" pinta completamente en blanco y negro, no leeréis en estos párrafos las palabras terrorismo, fundamentalismo y problemas de seguridad. El pueblo iraní es un pueblo amable, hospitalario. La libertad de circulación es total para el viajero y las posibilidades de movilidad infinitas y baratas (nosotros nos movimos con gente local en la gran mayoría del trayecto).

¿Cambios? Es posible que fuese solo una percepción parcial nuestra, pero la historia nunca se equivoca, y las nuevas generaciones ya rompen las reglas establecidas. ¿Será síntoma de un futuro distinto?

Este vídeo trata de mostrar, desde un punto de visto muy íntimo y particular, la visión que me llevo de Irán, de uno de los mejores países que me ha tratado como viajero, y de ese país que me devolvió, junto al amigo Sele, esa esencia por el viaje auténtico, el que se aleja de los prototipos impuestos, y permite conocer el corazón de las personas que nos rodean.

Hay una anécdota que siempre me gusta contar, que el viajero se encuentra en los lugares más sagrados de Irán (Qom. Shiraz o Masshad, por ejemplo). Allá donde unos ponemos/ponen seguridad basada en eternos controles y policías o militares armados hasta arriba, en Irán los sustituyen por plumeros. Si, plumeros. Esos mismos que usamos para limpiar el polvo y con los que te tocan suavemente el hombro si consideran que estás trasgrediendo alguna norma de respeto. ¿Curioso no?

Este es el Irán que yo me encontré… y así lo he contado


Isaac Martín, "Viajar en tiempos de cólera, Irán" en el #TBMGijón

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