Viajes

El Monasterio de San Jorge de Coziba

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14 de Nisan de 5773. Es posible que quién lea el título del comienzo de este día y vea por encima un par de fotos, no llegue jamás a comprender la magia y el misticismo que hemos respirado hoy en nuestra pequeña expedición al Monasterio de San Jorge de Coziba, un lugar de esos que detienen el tiempo y que pocas veces se encuentran en las aventuras. Es ese sentimiento de, porque no decirlo, aventurero o "coleccionista de momentos" que nunca entenderá mucha gente pero que otros tantos habrán notado en su propia persona como pocas veces antes lo habíamos hecho nosotros en lugares como la ciudad rosa de Petra o la ciudad fantasma de Rasafa, por poner algunos ejemplos.

Pero para ello, hoy ha sido el día de más trayecto (que no pesado) del viaje hasta ahora, así que nos ha tocado madrugar y ponernos en ruta temprano. Empezamos…

125 km (unas 2 horas) son lo que separan Nazaret de un lugar que nos apetecía parar para que conociese Paula, y que Isaac ya conocí desde el otro lado en su viaje por Jordania en 2006. Para ello hemos tenido alguna que otra pelea con el GPS que nos quería llevar "dando una vuelta al mundo" hasta que nos hemos dado cuenta que tenia puesta la opción de "evitar territorios de Cisjordania" y la hemos desactivado.

Toda esta zona mantiene los colores verdes y todo tipo de plantaciones que viéramos estos días en la parte sur de la Alta Galilea, y que aprovecha el agua del río Jordán para mostrarnos unos paisajes preciosos.


 

En este momento del viaje nos adentramos por primera vez en Territorios Palestinos, más concretamente en Cisjordania, que aunque suelen referirse a los territorios gobernados por la Autoridad Nacional Palestina, Israel los denomina "territorios en disputa", pues el estatus final de esos territorios así como sus fronteras definitivas, según diversas resoluciones de la ONU y la Hoja de ruta, deberá ser decidido en un acuerdo entre ambas partes en conflicto. En esta zona si nos ocurriese algo con el coche, ninguna empresa de alquileres se hace responsable, así que es a "riesgo propio".

También entramos en el bíblico Desierto de Judea o desierto de Yeshimon, y con él el panorama de nuestra expedición vuelve a cambiar por completo, muy diferente a las tierras de Galilea o la zona mediterránea que viéramos días atrás, lo que habla de la gran variedad de paisajes que tienen esta tierra sagrada.

Qaser El Yahud, el bautismo de Jesús

El paso por la "supuesta frontera" ha sido muy "light" y nisiquiera nos han hecho parar. Seguimos ahora la ruta 90 paralela al Valle del Jordán y Mar Muerto, carretera que apenas abandonaremos en todo el día, y que una vez pasado el cartel de desvío a Jericó señala el punto que estábamos buscando.


Estamos en Qaser El Yahud (Baptismal Site), en plena zona de Betania y que abre de 8 a 18 de Domingo a Jueves y Viernes de 8 a 16. Son las 8.05 de la mañana y "saltándonos " literalmente una de las barreras (por despiste, jaja) llegamos a la orilla del Río Jordán totalmente solos.


 

Nos hallamos en el lugar donde Juan Bautista bautizó a Jesucristo, aunque del lado contrario al que estuviéramos aquel en Betania (el lugar exacto del bautismo queda de lado Jordano) donde viéramos la iglesia de S. Juan Bautista, ahora lejos del Río Jordán que ha modificado su curso durante los siglos (fotos de aquel viaje)


 

Es importante diferenciar este lugar de Yardenit, ubicado en el sur de la desembocadura del Mar de Galilea, al Norte de Qaser El Yahud, que se estableció en 1981 por el cierre de este debido a la inestabilidad de aquella época de la región


 

Como ya viéramos en su día, en esta zona hay bastantes militares israelíes "protegiendo" esta pequeña frontera separada por un caudal de agua bastante marrón que no ha cambiado con los años. Este caudal es cada vez menor, pues durante todo su curso al Mar Muerto cada vez son más los canales abiertos de riego a terrenos aledaños por ambos países.


Toda esta zona del planeta, que incluye el valle del Río Jordán, Jericó y hasta el Mar Muerto tiene una curiosa característica, y es que se encuentra por debajo del nivel del mar, aunque en este emplazamiento por muy poco.

Alzando la vista a territorio jordano somos capaces de observar aquellos lugares sagrados que viéramos en su día, incluso a lo lejos la iglesia ortodoxa moderna dedicada a San Juan el Bautista de cúpula dorada.


 

Pero este lugar no sólo es sagrado para el Cristianismo por lo que supone, también guarda momentos como el paso de los israelíes a las tierras de Canaán o el ser el lugar donde el profeta Elías subió al cielo en un carro de fuego. Por si había dudas del particular bautizo de Isaac en aquel 2006, Paula aprovecha para volver a hacerlo como le gustaría a la "abuela chavetas"


Sabemos de una personita que tiene una gran sonrisa por haber podido disfrutar con este silencio y espiritualidad un lugar como este antes de marcar nuestro siguiente punto de ruta en el GPS. El nuevo destino tiene varias alternativas de trayecto, la primera atravesando Jericó y la que parece mejor opción, poner en el GPS Mitspe Yeriho o Mitzpe Yeriho que nos lleva por la Ruta 90 hasta el cruce con la Ruta 1 que lleva a Jerusalén y una vez en Mitzpe Yeriho y adentarnos por una serpenteante carretera alzanzar tras unos 25 km (40 minutos) una preciosa estampa.

La ruta 1 además es famosa porque es por donde bajan los tours desde Jerusalén al Mar Muerto, y está llena de buenos lugares para desayunar. ¿Paramos en alguno? (Festín por 120 ILS)


 

Monasterio de San Jorge, espiritualismo a raudales

Continuamos nuestra marcha y un poco más adelante, tras coger la carretera de la izquierda en Mitzpe Yeriho (la de la derecha tiene una barrera de seguridad y se dirige a un asentamiento), comenzamos la serpenteante carretera que esperábamos. Lo que no sabíamos es lo que las cada vez más áridas y pedregosas tierras del Desierto de Judea nos iban a traer uno de los mejores momentos que hemos vivido en cualquier aventura.


 

Estamos en una carretera que generó en su día mucha controversia ya que lo que antes eran 4x4 que se adentraban por el desierto tardando casi 1 hora en llegar a la zona alta del emplazamiento que nos espera, ahora apenas son 15-20 minutos de asfalto que ha permitido que algunos peregrinos puedan acercarse a un lugar de peregrinación tan importante. Quizás por ello pensábamos que perdería misticismo pero la impresión de ver en una pequeña cima una cruz, dejar el coche en el arcén y subir hasta allí cambia rápido nuestra perspectiva por completo.


 

Acoplado en la cara de una roca, en el abrupto cañon de Wadi Qelt, encontramos uno de los lugares más espirituales que existe en la Tierra. El Monasterio de San Jorge de Coziba, en pleno desierto, hace ciertas esas afirmaciones que dicen que los movimientos espirituales más fuertes de la historia se fraguaron en la soledad, ascentismo, silencio, contemplación y abandono del mundo de los desiertos (Islam, Yahvismo o incluso la soledad de Buda y el Budismo).


Estamos a unos 32ºC bajo el sol hoy y agradecemos la presencia de unos beduinos que duermen en invierno en las propias cuevas que la roca ha dejado a lo largo de los tiempos, según nos cuentan, y que tienen montado una pequeña neverita aquí para ganarse unos duros de despistados viajeros como nosotros.

Impresiona pensar como nació este lugar de uno de los tantos ermitaños que representó la vida más espiritual de la iglesia en tiempos de antaño, a finales de la época romana, sin precedentes históricos, y que llevaba a religiosos a aislarse del mundo en grutas o cuevas en lugares remotos como este.


 

Atrás dejamos este punto y seguimos avanzando por la carretera asfaltada hasta el punto en el que acaba (2 o 3 km más adelante). Hemos llegado a lo que se supone que es un aparcamiento que comienza un descenso hasta el Monasterio. !!Estamos solos!! Nuevamente volvemos a sorprendernos de poder volver a disfrutar de un entorno inigualable sin la presencia de un grupo de turistas o algún tour organizado.


 

Apenas la presencia de algún beduino intentando recuperar sus cabras y algunas mulas que es posible que ofrezcan para el retorno de las personas de peor forma física y con semejante calor, comenzamos un descenso que bordea el cañón que resulta realmente precioso y que salvando las múltiples diferencias nos recuerda mucho al día que atravesábamos los desfiladeros de Petra en busca del "tesoro"


 

Uno de los mejores puntos de la ruta es sin duda un pequeño mirador con una cruz de madera desde donde se puede ver la magnitud del precioso Monasterio emplazado en la roca y desde donde en la ladera opuesta puede observarse el cauce de agua de la fuente Ein Fawar que viene de kilómetros más arriba y parte del acueducto construido por Herodes para pasar el agua. No obstante, esta ruta era la que conducía de Jericó a Jerusalén en la época de Jesús.


 

De entre todos los ermitaños y religiosos que se aislaron en las cuevas de esta zona destacó uno, San Jorge de Coziba, quién da nombre a la actual edificación. Aunque el Monasterio data del S.V sería en la segunda mitad del S.VI cuando con San Jorge alcanzaría su esplendor.


La invasión de los persas en el 614 pasaría por encima del antiguo Monasterio y su emplazamiento caería en el abandono hasta tiempos de Cruzados, cuando Manuel I Commeno en 1179 lo restauraría. Nuevamente el periodo de abandono lo dejaría en ruinas hasta la última reconstrucción en 1878 terminada en 1901, y que deja la actual estampa realmente magestuosa.


 

No sabemos si por su emplazamiento, su imponencia, su significado, su aislamiento y soledad o si una mezcla de todo pero la ansiedad que nos provocaban las últimas rampas, éstas de subida, nos llevaba en volandas hasta su pequeña puerta.


 

El recinto, a pesar de las erróneas indicaciones que hay por internet o en la propia Lonely Planet, abre todos los días de 9 a 13 según reza un pequeño cartel. Entramos por la pequeña puertecita y lo primero que nos encontramos es un pequeño patio colgado de los acantilados de pared rocosa y dónde todavía se pueden presenciar pinturas de la antigua iglesia bizantina expuestas a la intemperie. Desde aquí también podemos observar con mayor claridad las rocas talladas cimentadas sobre el propio cañón que abre paso al valle del Wadi Qelt


 

No nos recibe nadie. La soledad del lugar nos hace sentir por un momento aquellos ermitaños. ¿Que podría pasar por la cabeza de esta gente para aislarse así del mundo? ¿Tan fuerte era su sentimiento religioso? Es muy difícil de entender por nosotros, imposible en toda una vida.

El Monasterio, que cuelga del precipicio en todos sus recintos, deja ver todavía los pastores beduinos que cuidan de sus rebaños (tal y como describe Ezequiel 34 y Juan 10:1-16) en lo que muchos imaginan que se trata el Valle de la Sombra (Salmos, 23)


 

Seguimos ascendiendo por sus escaleras, dejando de lado una especie de jardines, y nos adentramos en lo que parece el área principal donde empezamos a ver la belleza de la última restauración.


 

En esta zona hay un par de pequeñas capillas, donde podemos observar claramente que estamos en un Monasterio dedicado íntegramente a la Virgen María, Madre de Dios, y que son realmente humildes y sencillas, como todas las que nos estamos encontrando en esta pequeña peregrinación.


 

Y !!por fin!! aparece alguien. Son tres monjes greco-ortodoxos (la última restauración de 1901 fue realizada por la Iglesia Ortodoxa Griega) que nos reciben con una sonrisa amable. Como si no hubiese pasado nadie por aquí en todo el día, nos sacan unas galletitas y frutos secos (para darnos energía para el camino de regreso) y nos invitan a tomar agua o cualquier refresco de unos pequeños dispensadores que tienen preparados para sofocar el calor en días como hoy. Sin casi articular palabra nos hacen una reverencia y vuelven sobre sus pasos retirándose a su lugar de contemplación y oración.


 

Nos enteramos también que el emplazamiento final del monasterio original fue elegido aquí ya que se cree que se encuentra la cueva donde el profeta Elías fue alimentado por dos cuervos en su aislamiento. Este área se ve en la terraza superior, amplia y desde donde puede verse mejor que nunca el entorno que nos rodea. La gran torre del campanario fue añadida por un tal Timothy ya en 1952.


 

La hospitalidad de aquellos monjes, los enigmas que guarda este lugar y la extrañeza de la soledad y olvido por parte de viajeros de este lugar, es complicado de explicar con unas fotos y unas palabras. Se cuenta que hasta hace un tiempo era uno de los pocos monasterios donde podían entrar mujeres, ya que la leyenda dice que una mujer se extravió de noche en este desierto y se encomendó a la Virgen. Ésta se le apareció y le dijo "vete y pide hospedaje en ese monasterio". "No servirá de nada, pues está prohibida la entrada a las mujeres" contestó, a lo que la Virgen respondió "no podrán negártelo siendo mi casa". Y así fue. Nosotros ponemos nuestra particular velita (aunque eso queda para nosotros).


 

Desde aquella terraza, viendo la multitud de grutas excavadas en la roca, pensando en la multitud de lúgubres rincones que guardaba un lugar con tanta historia y leyendas, pensábamos por un momento en la de monjes que eligieron este lugar para su retiro así como los otros tantos que no tuvieron tanta suerte y sufrieron los martirios más brutales (sobre todo en la época persa y cuyos cráneos todavía se guardan junto a la Tumba de San Jorge)


Otros rincones guardan "cachibaches" con mejor uso en tiempos pasados y que seguro que cumplían las necesidades más simples de una vida modesta sin exhuberancias


 

¿Os suena el milagro de los ciegos de Jericó? Cuando Jesús inició la última etapa de su vida para entrar como Mesías en Jerusalén sale de Jericó y mucha gente le seguía por estos caminos. Dos ciegos del camino, a su paso, le gritaron "Señor, ten piedad con nosotros". Jesús se detuvo, los mandó llamar y les dijo "¿Que queréis que os haga"?. Ellos le contestaron "Señor, que se abran nuestros ojos". Jesús conmovido les tocó los ojos, recobraron la vista y le siguieron.

Y es posible que con este hecho de gran simbolismo, nosotros también sigamos el nuestro que nos devuelve ahora cuesta arriba dejando atrás uno de los mejores momentos de nuestros viajes.


 

El camino asfaltado israelí acababa en este punto, pero nuestro pequeño coche parece capaz de atravesar una nueva senda de caminos rotos y baches cada pocos metros del cambio radical en que se ha tornado la carretera, aunque de apenas 8 km (apróx 10 minutos) antes de llegar a nuestro siguiente destino del día. Aunque esto ya será otro episodio de un día realmente mágico.

(Continua el DIA 5 (II): Jericó, la más antigua del mundo)

Video: Una flor en el desierto: El Monasterio de San Jorge (Abril 2020).

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