Viajes

Visitando Manley en Sydney

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Amanecer y plantarse con un sol radiante en la dársena de Circular Quay para esperar los primeros ferrys del día en menos de 5 minutos supera cualquiera de nuestras mejores expectativas. The Rocks es un barrio pintoresco pero pequeño y de casas bajitas, y se atreviesa bastante rápido.


 

Hemos cambiado las escasas y "rústicas" opciones de desayuno de nuestra primera parte del viaje por una ciudad donde en cada esquina te encuentras un rincón con unos bollos más apetitosos que el anterior. No obstante, nuestro primer Ferry hacia Manley sale en unos minutos, y casi nos lo tenemos que llevar puesto (10,25 AUD). ¿Preparada Paula?


 

No tenemos muy claro a estas horas de la mañana si nos dará tiempo, pero en nuestra estancia en Uepi Island, Danielle (la simpática australiana del grupo con el que cenabamos cada noche) nos recomendó intentar visitar Manley y Watson Bay. No están conectados con los mismos ferrys pero los trayectos son cortos así que intentaremos visitarlos (cogemos el bono de 1 día, que sale mejor, por 21 AUD cada uno), y con ellos alguna sorpresa más…

La temperatura apenas supera los 16ºC en la hora de más calor del día con lo que a esta primera hora hará alrededor de 8 o 9ºC, pero el subir en el Wharf 3 al ferry que va a Manley y poder divisar por primera vez los verdaderos iconos de Sydney, su Puente y su Opera, bien puede pagarse con un catarro.


El trayecto a Manley dura apenas 30 minutos, y atraviesa una bahía con multiples pequeñas sub-bahías llenas de pueblecitos realmente bonitos. Manley es uno de ellos, y junto a Bondi, es una de las dos playas más importantes que hay en Sydney.


 

Manley surge de la ambición del capitán Arthur Philip y su historia con los aborigenes, pero es en la decada de1850 cuando se plantea como ciudad balneario por Henry Gilbert Smith estableciendo los primeros servicios regulares de barcos de vapor con Sydney.

Hoy por hoy, Manley es un pueblo turístico incluso en invierno, cuya calle peatonal principal que separa la zona de "desembarco" y la playa dispone todo tipo de tiendas de souvenirs y regalos, restaurantes y más servicios. Su nombre es Corso.


 

La playa de Manley es realmente preciosa, de arena fina y blanca, de mar abierto perfecta para surfistas, o bien para gente practicando deporte (que ya se ve hoy aprovechando el fin de semana), tomar helados, comer en la variedad de restaurantes o pasear, ya que el invierno austral de Sydney no difiere demasiado del de A Coruña, con un clima suave e incluso bueno en días soleados como hoy.


 

Manley de hecho fué una de las playas precursoras del baño ya a inicios del S.XX, cuando William Gocher anunciara a bombo y platillo en los periodicos que lo haría y no se presentaran cargos contra él. La historia no la acabamos de entender demasiado bien, pero creemos que fué un momento importante que liberó el derecho al baño en el país.


 

De vuelta a Corso, se ha montado un mercadillo en las calles transversales a la principal. Pero no un mercadillo cualquiera, aquí tienen un gusto exquisito (en nuestra opinión) por los objetos de decoración, pulseras, collares, bolsos, etc… No podemos resistirnos y algo cae a la saca (95 AUD). Ainsss

 
 

La parte protegida de la población, donde se encuentra el embarcadero, es muy distinta y mucho más tradicional. Aquí hay un pequeño barrio residencial, una pequeña playita protegida desde donde la gente hace kayak y un bonito paseo, aunque no está tan explotado turísticamente. Sin duda, merece la pena también. De aquí, de vuelta al ferry, previo golosinas para Paula en una tienda realmente particular en el propio embarcadero (8,55 AUD)…




Son ya alrededor de las 12'00 de la mañana, y el sol deja la imagen más bonita de la entrada a la Bahía de Sydney


Allí los dos simbolos o iconos de la ciudad se mantiene perennes, preciosos, como dando la bienvenida a ese Skyline que por la noche iluminado no envidia en nada a otros vistos anteriormente como el de Hong Kong. El primero en recibirnos es la maravillosa arquitectura de la Opera de Sydney, una imagen que tenemos todos guardadas en nuestras retinas cuando pensamos en esta ciudad de Australia…


 

Por otro lado está es inmenso Puente sobre la Bahía que conecta el centro financiero de la ciudad con la costa norte con un precioso arco


 

El paso por los muelles/fingers de Circular Quay es casi fugaz, apenas del wharf3 al wharf4, para poner rumbo en un ferry mucho más modernos hacia Watson Bay en apenas 28 minutos (y con 3 paradas por el camino), a una velocidad que no habíamos viajado nunca antes en ninguna embarcación. Es increible ver que con todo el tráfico que se produce en la entrada marítima a la ciudad se manejan con una soltura increible.

 
 

Nuestro destino es Watson Bay, un pueblecito reconocido como el más antiguo de Sydney (establecido en 1788) y que es una de las dos "cabezas" que separan el mar de Tasmania de la propia bahía de Sydney.

Desde el embarcadero hay una pequeña subida atravesando el Robertson Park que nos lleva directamente a un lugar especial de este lugar, llamado Gap Bluf


 

Aquí encontramos un paisaje realmente increible, especialmente sus vistas donde podemos divisar afilados acantilados que caen verticales hacia el océano y que tiene un triste capítulo cada año en las anécdotas del país australiano, ya que se producen aquí una media de 50 suicidios anuales. !!No es para menos!! Aquí no hay quién falle…

 
 

Como venimos de visitar dos grandes lugares de la II Guerra Mundial de las batallas del Pacífico como son la batalla de Tarawa y la batalla de Guadalcanal, no podíamos dejar de nombrar Watson Bay como un lugar de vital importancia en las defensas del puerto de Sydney, y es que aquí se diseño la estrategia para evitar que los submarinos enemigos pudieran entrar y así se consiguió cuando el 31 de Mayo de 1942 tres submarinos japoneses lo intentaran y perecieran en su empeño.


Pero vamos a lo que nos gusta (¿verdad Jose?), el buen comer. No sabemos si es así Australia, pero desde luego Sydney es ABSOLUTAMENTE PROHIBITIVO para alguién como nosotros (confirmado, aquí todo vale 3 veces lo mismo que en España). Aún así no nos resistimos a no parar en el famoso Doyle on the beach, un restaurante al borde de la playa del embarcadero principal con muchisima historia y con una comida y servicios excelentes.


Pescados, ostras, mejillones, cangrejos, langostas, carne, patatas, todo tipo de vinos, cerveza propia y, sobre todo, con la comida fresca, hacen de este lugar una experiencia para cualquier viajero o para los propios "sydneños" que en fin de semana se acercan a "gastar sus más alto poder adquisitivo". Nosotros tenemos que "conformarnos" con un plato de calamares, unas gambas RIQUIISIMAS y unas cervecitas por !! 77 AUD !! (Hay unas bandejas de "marisco variado" por 150 AUD que tienen una pinta… ufss)


 

Con "algo" menos de peso en el bolsillo regresamos a la Sydney que nos gusta, a la ciudad donde multitud de asiáticos se mezclan con australianos de piel clara, gente de todo tipo, pintas y gustos y hasta algún "aborigen" y "pajarraco" raro, a estas horas llenando las calles que llevan a The Rocks. ¿Un café (4 AUD)?


 

Aunque ya hemos pasado muchas veces por The Rocks ayer y hoy, no podemos evitar pasar por aquí siempre que podemos. Además de la historia que tiene esta zona de las más auténticas y bonita que hemos visto, este área engloba 33 galerías, museos e instituciones de arte, además de multitud de ofertas de obras de arte aborigen, moderno, esculturas, fotografías, cerámica, textiles… y le tenemos echado el ojo a una de ellas aunque de momento no nos decidimos.


Hoy además tienen montado otro mercadillo de buen gusto, que vuelve a perdernos un buen rato camino de nuestro próximo destino…


 

… y este nuevo destino es la gran sorpresa que Isaac le tengo preparada a Paula y que desconoce hasta estos momentos. Como hoy hemos pasado cerca de la Opera, pero intentaremos verla mañana, hoy lleva todo el día insistiendo en que le encantaría pasar por el puente y ver las vistas desde él. ¿Y por qué no desde arriba del todo?.

El gran icono de la ciudad, el Puente sobre la Bahía de Sydney, tiene una experiencia llamada Bridge Climb en el que en pequeños grupos organizados, con equipos preparados y arneses permite subir a lo alto del mismo viendo las vistas más espectaculares con las que podíamos soñar. ¿Que dices Paula?


 

!! Allá vamos !! Lo primero que hacemos es firmar que no padecemos enfermedades y demás contingencias, para pasarnos a dar y explicar todo nuestro equipo, y dejar las pertenencias y posibles objetos que pudieran caer guardados en un "locker". Chambergo, abrigo, linterna, gorros, guantes, arneses, radio con cascos para oir las explicaciones,… ¿lo llevamos todo? (A partir de este momento las fotos no son nuestras, sino del instructor).

Son alrededor de las 17'00 cuando comenzamos a atravesar las celosías que nos llevan hasta uno de los estribos y la torre principal, superando entre barandillas (estamos en todo momento bien protegidos, lo hace hasta gente mayor), los barrios residenciales primeros y algún hotel lujoso que otro, desde el aire. A partir de ahí subimos unas escaleras empinadas. Estamos en el arco, y estamos viendo UN PRECIOSO ATARDECER.


Al otro lado queda la Opera de Sydney, entre nubes rojizas con el sol ya escondido en el horizonte. La ciudad comienza a encender sus primeras luces, las de sus rascacielos más importantes. Los coches se ven como hormigas desde aquí


 

"¿Te gusta Paula?" "!! Siiiiiiiiiiiiiiiiii !! Aunque no me verás más por estás alturas, jajajaj… "


 

Por fin, tras casi 1 hora, llegamos al punto más alto del puente. No se siente vértigo en ningún momento, y las vistas… ¿nos quedan adjetivos?. Estamos en un puente de 1149 metros, con un espacio de navegación por debajo de 49 metros y con un arco que se eleva unos 134 metros que nos dan las mejores vistas de la ciudad. Soporta 8 carriles para automoviles, 2 lineas de ferrocarril y una ciclovía.


 

La noche empieza a caer sobre la ciudad, y cada vez pega más viento y frío. Con nosotros llevamos una especie de "albornoces" atados a la espalda que es hora de utilizar. También es hora de comenzar nuestro descenso, pues vienen más grupos detrás de nosotros (deben sacar una pasta con el tinglao este) y no podemos hacerles esperar.


 

Antes de volver a descender las escaleras de la torre y regresar a la base para dejar todo el equipo, la noche ha tomado la ciudad, y los edificios, la Opera, y el propio Puente sobre la Bahía, también llamada a veces Port Jackson, ya que se trata de un puerto natural a partir del cual nació la ciudad de Sydney y sus alrededores y que, en nuestra opinión, es una de las ciudades más bellas que hemos visto en nuestros viajes por el mundo.


Pero el día no va a acabar aquí. Nos hemos enterado que hay unos pequeños fuegos artificiales hoy en un sitio donde pensabamos ir mañana. ¿Por qué no acercarnos a cenar allí?. La base del Bridge Climb se encuentra a 5 minutos de nuestro hotel, donde paramos a coger ropa de abrigo y dejar peso, y a 20 minutos andado de Darling Harbour, que se encuentra precioso a estas horas de la noche.


Darling Harbour es una preciosa dársena de recreo y ocio actualmente, aunque hace 20 años no era más que un antiguo astillero. Hoy por hoy aquí hay todo tipo de restaurantes, museos, está uno de los acuarios más importantes del mundo, cines,… Un verdadero !!puerto de ocio!! donde nos sentamos a cenar en la terraza de un bonito italiano con los fogones encendidos (72 AUD) y mirando al agua. !!Los fuegos comienzan!!


 


 

No se puede decir que no hayamos pateado hoy a gusto. Si es que se nos quedaban pequeñas las islas ya, jejeje. La decisión de quedarnos 6 días sigue firme. Vamos a seguir explorando esta preciosa ciudad.

ORGANIZANDO SOBRE LA MARCHA:

Descartado Nauru, no tenemos más preparativos a la vista hasta el día previo a Brisbane. Hoy y mañana patear Sydney, el Lunes a Camberra, el Martes sobre la marcha y el Miercoles hacia Brisbane.

Es hora de regresar al hotel (en taxi, no podemos con los pies, por 11,10 AUD). El día ahora si que ya no da para más. Familia, amigos, lectores… comemos bien, estamos genial y !!no!! (aunque os empeñeis), no queremos volver. Muchos bicos para todos


Isaac y Paula, desde Sydney (Australia)

GASTOS DEL DIA: 224,90 AUD (apróx 195,57 EUR) y REGALOS: 95 AUD (apróx 82,61 EUR)

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