Viajes

La ola gigante de Honiara en Islas Salomón

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que nunca llegó aquella noche del 25 de Julio de 2012, DIA 9 de la vuelta al mundo por los Mares del Sur. El momento que más miedo y más impotencia hemos sentido en cualquier destino esperando el "tsunami". La noche más oscura en la que el pánico pudo con nosotros.

Esta es una de esas historias que nunca se cuentan mientras estamos en ruta, de esas que las caras de la familia serían un poema si conociesen la realidad. También es una de esas que no se pueden relatar de una manera frívola, y más sabiendo que desgraciadamente la naturaleza ha vuelto a cebarse estos días con la zona de la tierra más afectada por la naturaleza sísmica en pleno cinturón infernal.

Recordamos que nunca imaginábamos que nos constaría tanto llegar a Islas Salomón, país desconocido para nuestro entorno hasta 1 mes antes de nuestro partida, cuando casualmente presentarían al sr.Rajoy como Primer Ministro del país en una cumbre en Río. También conocíamos que estábamos aterrizando en la zona del planeta con mayores fricciones entre placas, altas tensiones en forma de terremotos y congregación de volcanes como el que alcanzábamos en Tanna (Vanuatu) días antes, en plena ebullición. Estábamos en el anillo de fuego.

Honiara, capital de Islas Salomón, nos recibía con ese azul intenso que el Pacífico deja a primera hora de la mañana. Alcanzábamos así un archipiélago, el más grande del mundo con 990 islas, rodeado de paisajes de corales, inmensas arboledas tropicales y rebosantes riachuelos que complicaban los accesos a ciertos rincones de algún área determinada.


 

Pisábamos por primera vez uno de los lugares de la Melanesia más auténtico, lleno de tribus indigenas por re-descubrir, de lugares sacados de las más antiguas películas de aventuras y donde más lenguas autóctonas, hasta 89, se hablan.

Una serie de circunstancias nos permitían conseguir un medio de locomoción y "empaparnos" de una isla con mucha historia, Guadalcanal, y sus puestos de fruta y comida distribuidos a lo largo de la única y principal carretera, sus escasos caminos llenos de escupitajos de color rojo producidos por la nuez de Betel, sus mercados y sus humildes casas de madera distribuidas desorganizadamente paralelas a la costa o hacia el interior. Aunque, sin duda, lo que más nos emocionó fue, sorteando los peores tramos de carreteras afectados por los efectos de las últimas inundaciones, poder tocar con nuestras propias manos los vestigios que la II Guerra Mundial dejó en una de sus más famosas batallas.


 

Ya de tarde decidimos un lugar para alojarnos. No sabemos si posiblemente por ver esas ceremonias, totems y valores tradicionales que guarda la cultura melanesia o si por estar muy cansados de esta epopeya que supuso llegar hasta nuestros destino, nos decidimos por un buen hotel de la ciudad de Honiara, el Kitano Mendana, una edificación de hormigón pero apenas 2 plantas de altura, justo en frente del Iron Bottom Sound que tan importante papel representara en la batalla de Guadalcanal en el profundo Mar de Salomón y en pleno Oceáno Pacífico. La habitación, básica pero amplia, satisfacía perfectamente nuestras necesidades.


 

Esa misma tarde, el sol dejaba unos preciosos colores en el cielo de la, ahora tranquila, capital del país. El ambiente se tornaba en paz como esa calma que precede una tormenta y que extrañamente llegas a sentir sin saber muy bien porqué.


EXTRACTO DEL DIARIO DEL DÍA. Son alrededor de las 22'00 (desde estos momentos ya no disponemos de fotos). Mientras Isaac me encuentro escribiendo en la mesilla de la habitación subiendo las últimas fotos al relato del día para que la familia se quede tranquila de que alcanzamos estas tierras, Paula ya me espera en cama. La cena ha sido tranquila, y el espectáculo cuanto menos curioso. Ahora los exteriores se tornan en oscuridad apenas alumbrados con pequeños farolillos. Honiara no es una ciudad excesivamente luminosa, nos recuerda a la primera imagen que tuvimos de La Habana muy diferente a la que pudiéramos haber imaginado.


 

22.20:27sec, la pantalla del pequeño portátil comienza a moverse. Inicialmente creo que el cansancio acumulado me pide que me vaya ya a cama pero en apenas 5 segundos todo comienza a moverse anormalmente. Paula salta de la cama… "¿que pasa? "¿por qué se mueve todo?".

Sin saber ni siquiera el motivo, la primer reacción es abrir la puerta e irnos bajo del marco de la puerta principal. Estamos en el primer piso y todo se mueve alarmantemente. Son 40 o 50 segundos interminables, en los cuales la mirada se fija en el marco que nos cobija y en los objetos que pudieran caer desde la parte más alta.


Poco a poco comienza a parar. El Kitano Mendana se encuentra completamente en silencio. No hemos pasado algo semejante en ningún lugar del mundo, ha sido un terremoto, uno muy intenso.

Las luces se apagan, a la vez que la gente comienza a salir de sus habitaciones. Parece que todo ha acabado. ¿O no? Un grupo de chicos que dormían en la habitación de al lado gritan y corren. No hablan inglés, y sólo alcanzamos a entender "Passport! Passport!". Les preguntamos… no nos contestan. No quieren decirnos el motivo real de tantas prisas hasta que dejando su puerta abierta salen corriendo hacia el Hall. Derrepente Paula dice las palabras que nos hacen ponernos pálidos… "¿y el Tsunami?"

Nos encontramos a unos metros de la orilla de la playa y no habíamos reparado en ese detalle. Tenemos que enterarnos de algo. Bajamos al Hall. Allí hay mucha gente,en pijamas o ropa interior, preguntando a los recepcionistas, que no saben que hacer. Vamos hacia afuera. No hay medios de transporte, ni taxis. Si hubiera habido alguno ya habían salido tierra adentro con los más ágiles… y no hemos sido nosotros. La incertidumbre de esa ola gigante sobre Honiara nos hace temblar…


 

¿Que hacemos ahora? Preguntamos al recepcionista, que llaman y llaman intentando tener alguna noticia que no llega. Subimos a la habitación. Paula empieza a meter cosas en la mochila sin sentido ninguno, una reacción fruto de los nervios que nunca ha sabido explicar. ¿Subimos otro piso? ¿Volvemos a bajar? ¿Volvemos a salir hacia los exteriores, con intención de encontrar algún medio de transporte? No lo hay. Es imposible. Todo Honiara está en silencio.

Sufrimos 10 minutos realmente interminables, intentando razonar todo lo leído anteriormente. Si un tsunami se mueve entre 600-800 km/h dependiendo de la profundidad, el epicentro tendría que haber sido a menos de 100 km para que hubiese llegado ya.

Y por fin llegan las noticias. El joven recepcionista copia en un papel con decenas de personas agolpándonos para intentar leer lo que escribe…

Terremoto de 6.9 de intensidad en la Escala Ritcher

Epicentro a 24 millas al SW de Guadalcanal

NO hay alerta de tsunami.

Como si fuese la mejor noticia que nos han dado en la vida, nuestra cara pálida y blanca comienza a parecer fluir por primera vez en los últimos 15 minutos. El epicentro ha sido al otro lado de la isla, por lo que aunque hubiese habido tsunami éste no hubiese alcanzado nuestras costas. Si lo hubiese habido y hubiese sido en su zona norte, en menos de 3 minutos hubiese arrasado todo. Afortunadamente lo peor que ha pasado ha sido el destrozo absoluto de la tienda que se ubica en pleno Hall y cuya única foto desenfocada hemos sido capaces de sacar.


Tras llamada a la familia desde la propia recepción (gracias a la amabilidad del personal siempre atento), poco a poco recuperamos la calma de uno de los momentos más tensos que hemos sufrido en una aventura. Incluso llegamos a plantearnos abandonar la vuelta al mundo pero finalmente tiramos de coraje y seguimos a pesar de las replicas del día siguiente antes de coger el vuelo local que nos llevaba a Marovo Lagoon.

Esta pequeña historia, ya en nuestros recuerdos, nos sirvió por primera vez para entender las terribles desgracias que la naturaleza provoca a nuestro alrededor, y que vistas en una película apenas impactan durante unas horas pero no nos permiten SENTIR la verdadera y cruda realidad que las soportan. Sin ir más lejos, estos mismos días, un tsunami de 8 ha dejado 6000 personas sin hogar y al menos 13 muertos en la zona, además de innumerables réplicas, y por primera vez somos capaces de entender su significado.


 

Nuestro viaje continuó, no sin nuestras dudas, y alcanzamos muchos de nuestros sueños, pero siempre recordaremos aquella noche de tensa calma en el que la ola gigante de Honiara… nunca llegó.

 

Isaac y Paula, días después camino a Marovo Lagoon

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