Viajes

El puente de San Francisco, el icono de un viaje

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Nos habíamos pasado el invierno soñando con el viaje del año anterior, nuestro primer viaje al otro lado del charco. Había sido realmente especial para nosotros por ser el primero de esas características que realizábamos. Nos motivó tanto que al año siguiente, es decir en 1992, decidimos superarlo, si es que eso era posible, tras las sensaciones vividas en Florida. Parecía imposible poner el listón más alto, pero las expectativas eran muchas y la ilusión también y de esta forma comenzamos a plantearnos ahorrar y preparar el que sería nuestro segundo gran viaje “California, Hawaii y Las Vegas” y ese recuerdo ya imborrable de nuestro primer día con el puente de San Francisco como telón de fondo o Alamo Square y sus casas de madera supervivientes a terremotos.


Más tarde nos daríamos cuenta de que no se trata de superar ningún otro viaje, porque cada uno es especial e incomparable a otro realizado y que el descubrimiento de cualquier sitio desconocido siempre te va a proporcionar nuevas sensaciones y nuevas experiencias que te van a marcar y que nunca olvidarás. Unas mejores, otras peores, otras serán simples anécdotas, pero siempre distintas e impactantes por la peculiaridad y la variedad de lugares que nos rodean.

Un viaje que marcó una época… !vuelo a California!

Pues bien, después de muchos preparativos, como todo viaje conlleva, llegó el gran día. Montamos nuestro equipaje y en un santiamén nos encontrábamos en el aeropuerto de Barajas rumbo a nuestro nuevo destino.

Este diario está contando offline años después (2016) y, al contrario que el resto, tiene más valor sentimental que de datos prácticos para el viajero (aunque si puede resultar inspirador), representando aquel "gran viaje" que todos tenemos y siendo posiblemente la gota final que llevó a una familia a ser Chavetas viajeros 😉

Nuestros hijos Isaac y Miriam, de 14 y 11 años en aquel entonces, soñaban ilusionados como nosotros con el nuevo destino y era muy especial la sensación de poder enseñarles otro pedacito de mundo desconocido para ellos, que sin duda les daría una visión más amplia de lo que somos en realidad, pues ya se sabe que cuanto más conoces y más grande es tu entendimiento de las cosas que nos rodean, más te das cuenta de las trivialidades en las que los humanos nos empeñamos, dándole importancia a cosas que realmente no la tienen.

Hacia pocos días que la televisión había dado la noticia de que un terremoto se había producido en la zona de Nevada con el resultado de un muerto y eso a mi particularmente me inquietó pero ellos se reían y pasaban de mi preocupación, cosa bastante lógica, dado que realmente uno nunca puede pensar en determinadas cosas que se producen de vez en cuando, si no no se movería de un mismo lugar, en el que igualmente puede haber cualquier desastre.



Nuestro vuelo salió puntual y no se nos hizo demasiado largo hasta Nueva York, donde debíamos tomar el de San Francisco. Una vez allí, cogíamos el bus que nos llevó a la terminal donde debíamos tomar las tarjetas de embarque para el próximo vuelo y fue entonces cuando empezaron los problemas ante el caos de colas y filas interminables del aeropuerto. Después de mucho rato y una vez conseguidas las dichosas tarjetas, nos dirigimos a la puerta de embarque y para nuestra sorpresa, pensando que llegábamos tarde, comprobamos que el vuelo se había retrasado hasta las 9 de la noche; 3 horas de retraso que fueron interminables. Este vuelo fue realmente pesado para nosotros, teniendo en cuenta las esperas de un día prolongado y agotador,

Llegamos a pensar que, después de semejante retraso, la persona que debía venir a recogernos para llevarnos al hotel no estaría allí y tendríamos que coger un taxi, pero nada más lejos de la realidad; allí estaba una chica esperándonos para trasladarnos a nuestro hotel.


Mientras recorríamos las calles de San Francisco, sobre las 12 de la noche, contemplábamos con los ojos aun muy abiertos la desconocida ciudad. Le preguntamos con curiosidad como era posible vivir tranquilo en una ciudad donde la tierra se mueve con tanta frecuencia, y donde se han producido tantos y tantos desastres a lo largo de los años, a lo que ella respondió que “era el precio que había que pagar por vivir en una ciudad como aquella”.

En ese momento quizás no comprendimos bien esta respuesta, pero en los próximos días pudimos comprobar lo especial de San Francisco, cosmopolita y liberal como pocas, con un encanto muy peculiar y diferente del resto de las ciudades americanas.

Por fin llegamos al hotel, donde nos esperaban nuestras confortables camitas y el merecido descanso, ya que teniendo en cuenta la diferencia horaria, el día se había prologando unas 9 horas más horas de lo habitual.

San Francisco, ¿la ciudad más bonita de la Costa Oeste?

Nos despertamos muy temprano, a pesar de habernos acostado demasiado tarde, pero el jet lag no perdona y a eso de las 5 de la madrugada teníamos los ojos como platos, ilusionados con el día que se nos presentaba. Íbamos a dar nuestro primer paseo por esta increíble ciudad.

Nos alojábamos en el Hilton, situado en el “downtown” de la city en uno de los edificios más altos de la ciudad, muy americano, por decirlo de alguna forma, con un hall bastante ostentoso como es lo habitual en este país en un hotel de estas características. Desayunamos casi al abrir el restaurante, muy temprano para nuestras costumbres y después de dar un paseo por el hotel para controlar donde se encontraba cada cosa, nos vinieron a recoger en una furgoneta que compartíamos nosotros cuatro con una pareja de escoceses, bastante majetes. Hoy iba a ser el día que veríamos en persona el famoso puente de San Francisco…



Ahí comenzaba nuestra mañana, realizando un city tour bastante completo, tanto por la ciudad, como por las colinas que la rodean y desde donde hay unas vistas espectaculares de ésta y de sus distintos ángulos. Por ejemplo los picos gemelos, Twin Peaks, son el mejor lugar de San Francisco para apreciar la ciudad. Tienen una altura de 280 metros.

San Francisco goza de un clima templado durante todo el año aunque no es tan caluroso ni soleado como el sur de California y éste era un día bastante nublado y el color de las cosas no lucía lo suficiente pero, a pesar de todo, ya se podía ver que era una ciudad diferente y pintoresca por sus cuestas interminables super pronunciadas desde las que se podían contemplar sus más de doce caídas infinitas hacia diferentes puntos de su especial bahía. También sus construcciones de colores y no demasiado altas llamaban la atención, salvo en el centro mismo, en el que parecía raro encontrar algunos edificios tremendamente altos, en una ciudad donde los terremotos están a la orden del día.


San Francisco se llamaba Yerba Buena, y era un pueblo pesquero español, con una población de 40 habitantes. Pasó a ser territorio estadounidense en 1847, y comenzó a llamarse San Francisco en honor a la misión franciscana. La ciudad empezó a crecer muy rápidamente a causa de la fiebre del Oro de 1849 y atrajo a mucha gente en busca de una nueva vida.

La ciudad se lleno de inmigrantes japoneses y chinos y éstos establecieron sus negocios en la Western Addition, que se convirtió más tarde en Japantown. Chinatown y Japantown constituyen ahora el enclave asiático más grande fuera de Asia. La ciudad se enorgullece de la diversidad de su población y es conocida por su gran tolerancia.

Otros de los acontecimientos que cambió el panorama de la ciudad fue el devastador terremoto de 1906, que destrozó las casas victorianas de madera. Tan sólo sobrevivieron una cuantas, las famosas "Painted Ladies" de Alamo Square. Si hay una imagen conocida de San Francisco (más allá del puente de San Francisco), esa es Alamo Square. Sus casas victorianas de colores han sido utilizadas para rodar diversas películas y series.


Más tarde se reconstruyó la ciudad junto al mar y se introdujeron los tranvías a finales del siglo XIX. Cuando se inauguró el Golden Gate Bridge, el puente de San Francisco, en 1937 se convirtió en el símbolo de la ciudad.

En la década de los años 50, surgió el movimiento bohemio "Beat", en el barrio de Little Italy en North Beach, ésto ayudó a forjar la importancia de las artes de la ciudad. La contracultura floreció en el barrio de Haight Ashbury (ahora llamado Haight) durante el "Summer of Love" de 1967, cuando la comunidad gay se estableció en las calles Castro y Polk, donde podían vivir felizmente sin esconderse.

San Francisco es la capital financiera de la Costa Oeste y una de las principales entradas de barcos del Pacífico. El turismo es su industria principal. La Bahía, que se encuentra entre el Puente Golden Gate y el Puente de la Bahía es otro imprescindible. Contiene 14 islas, entre las que se encuentran Alcatraz, Ángel, Yerba Buena y Treasure. Estas pequeñas islas son el escape para muchos del bullicio de la ciudad.



La gente que vive en San Francisco dice que lo hacen porque aman la ciudad. La calidad de vida es de primordial importancia en esta ciudad ecológica, nombrada como una de las cinco más limpias de los EE.UU. en el 2005. La tolerancia es una de sus características principales y su gente se reinventa así misma constantemente. Su diversidad cultural proviene desde los días de la Fiebre del Oro.

Golden Gate Bridge, el puente de San Francisco, y… mucho más

Por la mañana recorrimos sus calles, sus parques. Golden Gate Park es el pulmón de San Francisco, un parque de más de 5 kilómetros de longitud, superando en tamaño al Central Park de Nueva York. Su civil hall, construido a principios del siglo XX con un estilo que recuerda a "Los Inválidos" de París, es el ayuntamiento, uno de los edificios más destacables de San Francisco, seguimos la ruta y atravesamos el “Bay Bridge” hasta el lado de Ocklan. Este puente de dos plantas fue uno de los mas dañados en el último terremoto, en el que quedaron aplastados los vehículos de la parte baja, realmente pudimos comprobar que aun no estaba reparado.

Visitamos igualmente la Misión Dolores, fundada por misioneros españoles con el objetivo de evangelizar a los indios Ohlone, siendo además la Mision Dolores el primer edificio de San Francisco

Sobre el mediodía llegamos junto al puente de San Francisco, el Golden Gate Bridge, espectacular, donde los haya, a pesar de que hoy en día hay puentes más modernos y sofisticados.




Después de unas cuantas instantáneas desde esta parte de la ciudad, lo atravesamos para visitar el parque de Muir Woods, para contemplar los Secuoyas gigantes, increíblemente altos y enormes, donde según parece algunos indios hacían sus cuevas, realmente impresionantes!!!.


Después de esto nos dirigimos hacia Sausalito, una pequeña población cercana, bastante pintoresca, desde donde la panorámica del centro de la ciudad merecía la pena. Allí visitamos un pequeño centro comercial donde, para nuestra sorpresa en aquellos tiempos, había tiendas de navidad en pleno mes de julio, y eso para nosotros era una novedad, así como los llamativos adornos mecánicos que por aquel entonces todavía no se veían en nuestro país.

De vuelta, atravesando de nuevo el Golden Gate Bridge nos dirigimos a una de las calles más famosas de la ciudad, la calle “Lombard”. La calle de Lombard considerada como la más curvilínea y perpendicular de San Francisco fue construida con el propósito de evitar el deslizamiento de los carros (ahora coches) debido a su pronunciada pendiente, por ello tiene 8 curvas y hoy la podemos considerar como una de las callecitas más bellas de la ciudad de San Francisco.


Después de este día tan completo y largo y tras una cenita merecida, decidimos que debíamos descansar para poder recomenzar nuestras andanzas del día siguiente… Todas las fotos son propias -escaneadas de aquellos carretes analógicos- excepto algunas utilizadas como recursos del banco de datos al que estamos suscritos de Shuttershock

MªCarmen (y la familia Chavetas)

Video: Viaje en auto: San Francisco y el Golden Gate Bridge desde Marin Headlands - Parte 1 (Junio 2020).

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